domingo, 4 de enero de 2026

No me reconozco

Me miro en el espejo y no reconozco al hombre que me devuelve la mirada. Tengo los ojos hundidos, la barba descuidada de tantos días sin ganas de arreglarme. El pecho me pesa como si llevara una piedra dentro. ¿Cómo carajo llegamos a esto? Antes la conocía como la palma de mi mano: cada gesto, cada silencio, cada forma en que sonreía cuando algo le dolía de verdad. Ahora todo es un muro.

Cada vez que intento entender qué está bien y qué está mal, ella aparece y me nubla la cabeza. Sus palabras son precisas, afiladas, y de pronto soy yo el que no entiende nada, el que siempre se equivoca, el que carga con culpas que ni siquiera son mías. Peleo sus batallas perdidas una y otra vez, esas guerras que ella libra consigo misma y que nunca gana, y termino hecho mierda, sintiendo que nada de lo que soy me pertenece del todo. Ella siempre toma partido… pero casi nunca el mío.

A veces siento que la verdad está ahí, a punto de salir: escondida en sus ojos que ya no me miran igual, colgando de su lengua en frases que nunca termina. La rabia me quema por dentro, tan fuerte que creo que voy a reventar. Ella piensa que no veo qué clase de persona es realmente. Pero lo veo. Lo veo todo. Y duele tanto darme cuenta que preferiría no haber visto nunca.

Por dentro grito que la amo, que la amo tanto que me está rompiendo en pedazos. Grito que a pesar de este infierno todavía hay algo en mí que se aferra a ella como si fuera lo único que me mantiene vivo. Pero ella no puede —o no quiere— leer lo que llevo dentro. Tal vez ya ni le importe.

Miro lo que hemos hecho de nosotros y solo veo escombros. Nos hemos convertido en dos idiotas que se lastiman sin parar, que se exponen al ridículo delante de todos solo porque no sabemos cómo parar. Cada pelea, cada noche en silencio, cada reconciliación que no es más que una tregua falsa… todo nos hace parecer más patéticos.

Y aun así, hay algo que vi en ella una vez. Un brillo, una luz que me hizo creer que valía la pena arriesgarlo todo. Quiero con toda mi alma que eso sea real, que no sea solo otra mentira que me conté para justificar seguir aquí. Pero en el fondo sé que aferrarme a esa esperanza me puede matar despacio.

Esta vez no. Esta vez no voy a dejar que se lleve mi orgullo. Aunque me duela como si me arrancaran el alma, aunque me tiemblen las manos y se me quiebre la voz… esta vez voy a descubrir la verdad yo solo. Porque si sigo así, no va a quedar nada de mí.

Y eso me da más miedo que perderla a ella.


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