miércoles, 5 de junio de 2013

Odioso Escritor

Es hace mucho que no entablo un diálogo con ustedes, invisibles lectores (o inexistentes). Quiero disculparme por la vacuidad de algunas entradas. Antes, cuando empecé a escribir pensé que mis letras podían llegar a algún lado o por lo menos a alguien. Sin embargo, mientras más escribo más bajo caigo.

¿Qué piensan acerca de escribir cartas a alguien que no conocen? Yo lo hago  a menudo. Me presento formalmente a personas que me interesa conocer. Es una situación triste, lo sé, mucho más porque nadie me responde. ¿Qué es lo que hago mal? No me parece correcto que una relación de amistad o de lo que sea se deba iniciar con un “Ola Ke Ace”, sencillamente porque no soy un retrasado mental, pero me parece que sí sufro un cierto tipo de retardo, un retardo temporal.

Me sería más fácil mi existencia si hubiese nacido muchos años antes, digamos el año mil novecientos treinta y dos. Sí, un buen año. Los albores de la Guerra del Chaco, una creciente sociedad burgués, el proletariado levantando la cabeza. Podría escribir cartas a mis anchas, leería más de diez horas al día. Usaría sombrero de copa y traje de cola. Maravilloso.

Pero no.

Me toca vivir la escalofriante perdidas de valores. La chica que me gusta tiene más carteras que libros. Más zapatos que palabras en su vocabulario. ¿Tan difícil es decir USTED? La actual crisis de nuestra sociedad va más allá de lo económico, va más allá de sus políticos, va más allá de la codicia de sus dirigentes. No sé si llegará la hora en que tengamos que asumir que los problemas no terminarán cambiando a un alcalde, a presidente o a un partido. Hay que reconocer que el principal problema de patria, de nuestra sociedad, es la mediocridad. El resultado de una cadena que inicia en la escuela con estudiantes sesgados por la ley del colegio “el profesor siempre tiene la razón” se repite en la universidad.  Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas.

Antes de que termine la anterior gestión un docente de Derecho Penal publicó una de sus opiniones “filosóficas” asumiendo que la crisis académica se debía a la mediocridad de aquellos estudiantes que tan solo estudian para el examen y no para la vida. Sin temor a mis actos, cogí un marcador y puse mi opinión: ¿y dónde está el dinero de los seminarios? ¿Qué hay de las constantes denuncias en contra de usted por acoso sexual? Y sin temor escribí el nombre de algunas estudiantes que aprobaron el curso después de haber pasado por la extorsión del docente. Al día siguiente el cuadro desapareció y publicaron uno nuevo dentro de las vitrinas, fuera del alcance de manos vandálicas que se atreven a decir las verdades encima de la hipocresía encarnada.

En primer año pasamos la materia de economía política, tuve la desgracia de tomarlo con un docente al que lo apodan “el loco” No lo aprobé y tuve que repetirla en verano, estoy orgullo de aquello. Estoy orgulloso de no haber sido uno de los cientos que tienen que recurrirle a trabajitos extras, orgulloso de no haber tenido que degradar mi humanidad, mi formación, mi dignidad, solo para aprobar una materia. Tranquilamente pueden preguntar, sobre todo a los que tienen cien, que es el plusvalor. Allí está nuestra mediocridad, aprobar con cien la materia de economía política y no tener la maldita idea ni la aproximación de qué es el plus valor.

 Dicho “loco” es conocido por los pasillos como un viejo verde acosador, basta verlo como sale por las mañanas rodeado de muchachas y se las lleva a comer salteñas, bajo la excusa de enseñarles Derecho, cuantas veces he visto a ese señor con mis compañeras en su auto, muy lejos de la facultad por cierto, claro tengo que pensar que este les acompañaba a su casa.

Un docente senil de Derecho Constitucional me reprobó al final de su materia, a pesar de tener ya los puntos que requieren la aprobación, porque puse en mi examen final que los artículos 144, 145, 146 y 147 de la Ley Marco de Autonomías y la frase contenida en la primera parte del parágrafo segundo del artículo 128 eran inconstitucionales, esto por ser contrario, dije en mí examen, a los artículos 26.1, 116.1 y 117.1 de la CPE y 23.2 de la Convención Americana de los Derechos Humanos. Claro el doctor, asesor de nuestro actual presidente, no pudo concebir que un estudiante pueda querer saber más que nuestros eruditos asambleístas. El tiempo me dio la razón con el fallo del tribunal constitucional, pero aquello no hizo que recuperara todo el año que tuve que repetir la materia, y dejar rezagadas las materias que ésta me abría.

¿Y qué pasa con los estudiantes? A estas alturas de mí renegada entrada, cualquiera se preguntaría si los estudiantes son bestias peludas que no pueden reclamar una pisca de derechos. Pero no seamos ingenuos, qué poder podríamos tener contra aquel que tiene la capacidad de hacerte desaparecer en sistemas, lo mejor será quedarse callados, de temor, pasar desapercibidos y taparse el rostro al pasar por la entrada para evitar la fulminante mirada de Franz Tamayo. De tener la oportunidad de levantar mi voz por los oprimidos, la tengo, que apareceré en la lista roja de docentes también puedo. Pero que arriesgando mi pellejo, mis años de estudio, los estudiantes me harían a un lado, también pasaría. No solo se necesita un líder y un revolucionario, también se necesitan presos, oprimidos, extorsionados que quieran salir de allí. De otra manera solo somos locos en este mundo ya de cabeza.

Cuán distinto sería si los estudiantes dejaran de pasar una media de tres horas al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Es mediocre el país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un sociedad que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es nuestro país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

Démonos cuenta amigos lectores que la idea dominante sobre nosotros mismos como país es no sólo la de la autoflagelación, sino la de que nuestra historia no es otra cosa que una suma de horrores, saqueo, corrupción, violencia y arbitrariedad. Una especie de camino al infierno o al suicidio, o peor aún, un camino a la nada.

Los presidentes fueron todos unos ladrones o unos ineptos, las élites un conjunto de poderosos con el único objetivo de enriquecerse a costa de los más pobres, los gobiernos unas gavillas de aprovechadores reunidas para favorecer a unos pocos, los empresarios arribistas o sanguijuelas del estado, los intelectuales loros que repiten ideas ajenas y que las tratan de imponer en una sociedad a la que esas ideas no se adaptan…

La consecuencia de esa lectura está a la vista. El descreimiento general, la desconfianza como norma, la idea preconcebida de que todo lo que hace un político o una figura pública tiene única y exclusivamente una intención oculta para su beneficio personal. La caza de brujas funciona porque mezcla el grano y la paja.

Nuestra percepción como colectividad es la de la derrota y la frustración. La idea generalizada es que siempre perdimos en los emprendimientos que encaramos, sean de construcción social, sean de guerras internacionales, sean simples y pedestres competiciones deportivas.

Ante la pregunta de ¿Cómo te va? En el mejor de los casos la respuesta es “más o menos”, cuando no “mal, como siempre”.


miércoles, 29 de mayo de 2013

TAMAKI


Hola.
Ok, mira, intenté ser sutil y amigable, pero realmente me sorprende que no lo hayas notado o peor, hayas tomado una actitud obstinada al respecto.
No te he respondido mensaje alguno en más de un mes, timbrazos, nada. ¿Alguna idea del por qué?
Sinceramente no me interesa, en especial cuando se volvió tan recurrente y diario. ¿Qué esperas de mí?, ¿Que te dé alguna fórmula, idea u comentario para que resuelvas un problema que aparentemente solo tú puedes sobrellevar?, No soy el indicado para eso, para nada, y si por casualidad se me ocurriera "darle importancia", ciertamente sería cruel, como naturalmente soy.
Te agradecería que lo dejes de hacer, es irritante, sin mencionar que 99% de las veces que me timbras insistentemente mi celular se tranca.
Gracias por entender


viernes, 17 de mayo de 2013

Ausente Presente




Extraño esas charlas que nunca fueron,
esas horas al teléfono
desconocidas para la gente.
Una conversación sincera,
directa y sin tapujos.
¡Cuánto nos perdíamos
en palabras ocultas al mundo,
en risas sencillas, hiladas
en la  fibra óptica!
Hoy en la ausencia de esa voz lejana
me pregunto sobre la no existente.
Sobre el fruto de su vientre.
Y con anónimas palabras
te haces presente
llenando de risas
los minutos de la mañana.
Eres la ausente presente


sábado, 4 de mayo de 2013

¿por qué?





¿Por qué lloras junto a mi?,
¿Por qué me llamas y no escucho?,
¿Por qué te odio y te amo a la vez?,
¿Por qué ya no duele si veo la herida?,
¿Por qué hiciste lo que hiciste?,
¿Por qué no fue suficiente?,
¿Por qué duele el alma?,
¿Por qué todos lloran?,
¿Por qué no te dije “te amo”?,
¿Por qué no me perdonaste?,
¿Por qué escapaste?,
¿Por qué te seguí?,
¿Por qué alguna vez quise morir?,
¿Por qué siempre me equivoqué?,
¿Por qué nunca estuve a la altura?,
¿Acaso ya es tarde?,
¿O me sobra el tiempo?,
No puedo tocarte y sin embargo te siento,
Se acerca la muerte a pasos raudos.
¿Por qué ya no te veo?




jueves, 25 de abril de 2013

Sobre los libros y las lecturas.


1. Sabes que has leído un buen libro cuando al cerrar la tapa después de haber leído la última página te sientes como si hubieras perdido a un amigo.
Paul Sweeney

2. Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo.

3. Los libros me enseñaron a pensar, y el pensamiento me hizo libre.
Ricardo León

4. El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.
Miguel de Cervantes Saavedra

5. No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee.
Günter Grass

6. El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo.
Gustavo Adolfo Bécquer

7. Cuanto más se lee, menos se imita.
Jules Renard

8. Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.
Proverbio hindú

9. A menudo en tu vida te encontrarás con que un libro es mejor amigo que un hombre.
Luigi Settembrini

10. Para que el hombre sea fuerte debe comer regularmente, y para que sea sabio debe leer siempre.
Jeremy Collier

11. Leer sin reflexionar es igual que comer sin digerir.
Edmund Burke

12. La pluma es la lengua del alma.
Miguel de Cervantes Saavedra

13. La mejor característica de un libro es que provoque reacciones en el lector y le empuje a actuar.
Thomas Carlyle

14. La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta...
André Maurois

15. ¡Cuántas veces la lectura de un libro no ha sido la encrucijada que ha cambiado de curso la vida de una persona!
Henry David Thoreau

16. El libro que no soporta dos lecturas no merece ninguna.
Padre José Luis Martín Descalzo

17. Mucho más importante que recomendar libros es fomentar el amor a la lectura.
Burrhus Frederic. Skinner

18. La lectura es a veces una estratagema para eludir pensar.
Arthur Helps

19. Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.
Jorge Luis Borges

20. Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros.
Adolfo Bioy Casares

21. Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida.
Somerset Maugham

22. Dime lo que lees y te diré quién eres», eso es verdad, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees.
François Mauriac

23. Literatura es mi Utopía. No hay barrera de sentidos que me pueda quitar este placer. Los libros me hablan sin impedimentos de ninguna clase.
Helen Keller

24. El libro es fuerza, es valor, es poder, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor.
Rubén Darío

25. El propósito de la lectura no es conseguir que se vendan más libros, sino que los lectores disfruten más de la vida.
George Holbrook Jackson

26. Los libros son compañeros, maestros, magos, y banqueros de los tesoros de la mente. Son portadores de civilización.
Bárbara Wertheim Tuchman

27. Los libros son abejas que transportan el polen de la sabiduría de una mente a otra.
James Rusell Lowell

28. Un libro debe ser como un rompehielos para penetrar en los mares congelados en nuestras almas.
Franz Kafka

29. La literatura es una especie de luz intelectual que, a semejanza de la luz del sol, puede permitirnos a veces ver lo que no nos agrada.
Samuel Johnson

30. Un buen libro no sólo se escribe para multiplicar y transmitir la voz, sino también para perpetuarla.
John Ruskin

31. Desde que descubrí los libros y las bibliotecas, para mí, cada día del año es Navidad.

domingo, 21 de abril de 2013

Otoño



En  los  días  nublados  y  grises  Karen  salía  a  pasear,  le  gustaba  sentarse  en
algún banco y observar como caían las hojas de los árboles, lentas, suaves,
como  un  último  suspiro  de  honor.  El  otoño  estaba  en  pleno  apogeo,  las
hojas de los arboles ya descansaban en el suelo y Karen no lo resistió más;
se  tumbó  de  un  revolcón  en  el  suelo  encima  de  las  hojas  y  cerró  los  ojos
para oír charlar a las hojas con el viento.

- Madame hojita, quiere usted echar un último baile conmigo.
- Desde luego.

Y  los  dos  se  fundieron  en  un  abrazo.  Después  de  tantos  días
jugando entre ellos, la hojita se sintió cansada y el viento quiso libertad. 

- Debo partir. – dijo con cierta tristeza el viento.
- Y yo debo descansar – apoyó la hojita

La  hojita  lo  miró  triste.  El viento  se  levantó  y  se  fue.  Por  unos  instantes
nada se escuchó y Karen vio como la hojita triste se dejaba caer a la tierra
húmeda.
Fue  un  día  nublado  y  gris,  Karen  y  la  hojita  volvieron  al  calor  del  hogar.
Quizá renazcan en la primavera. El otoño es el dormir.

CUENTO INFANTIL


jueves, 4 de abril de 2013

Paraíso en el infierno


Yo soñé que nacía en un poema.

De cristal en cristal me deslizaba,

arrugándome en cada ola del camino.

Una brisa celeste acariciaba mis párpados,

sin abrirlos nunca.


En un amanecer se rompió el sueño

y me desmayé en este mundo.

Desorientado en el desierto floral que ante mí se abría,

los ojos me los cerró el pánico,

las orejas me las tapó el ruido

y la peste me arrancó la nariz.


Busqué a tientas la brújula del misterio,

perseguí mi sombra deseando que me alcanzara,

creí tocar el cielo en una noche estrellada,

y aun hoy anhelo el paraíso en este infierno.


Pero, ¿cómo acaba mi historia?

Acaso se enderece el curso junto a una palabra,

y a empellones se desboque vida bastante

para derribar todas las montañas de mi mente.

O tal vez se pierda en la ensenada una lágrima

donde yazcan mis soñadas esperanzas.